Decir Marrakech es decir Jemaa el-Fna. Como en los pueblos del mediterráneo, la vida de esta ciudad gira en torno a su plaza más famosa. Resulta espectacular de día, con sus acróbatas, encantadores de serpientes, tatuadoras de la henna, dentistas ambulantes, los aguadores y sus maravillosos zumos de naranja recién exprimidos, que podemos comprar en cualquiera de los numerosos puestos que alli se instalan.
Al atardecer, la experiencia de escuchar los cantos procedentes de las mezquitas puede calificarse de mágico. Instalados en alguna de las terrazas de la plaza, podemos observar como va cambiado el ambiente al caer la tarde, cuando se instalan los restaurantes, los magos, los echadores de cartas, los cuenta cuentos…Si bien el nombre de la Plaza (plaza de los muertos) tiene un origen escalofriante, allí se exponían las cabezas de los ajusticiados, hoy es el mejor lugar para sentirnos protagonistas de un cuento de las mil y una noches.
Marrakech, la perla del sur o la ciudad roja, como bien la llaman, es heredera de la tradición artesanal andalusí, y gran parte de sus palacios y mezquitas, fueron edificados en el siglo XI con parte del botín que el sultán Yusuf bin Tachfin, primero, y su hijo Alí trajeron de Al Andalus, convirtiéndola en capital de Marruecos, hasta 1269.
Hoy Marrakech sigue inspirando sueños orientales, con sus maravillosos Riads, palacios, baños, jardines, y tiendas de las primeras marcas mundiales. Un destino de lujo que todos deberían conocer.
1.
Plaza Jemaa el-Fna , la Plaza como todos la conocen es a cualquier hora del día el alma de Marrakech, la que nos da el pulso de la ciudad, y donde siempre encontraremos algo diferente que ver, según la hora del día en que la visitemos. Gracias a la labor del escritor Juan Goytisolo, la Plaza de Marrakech ha sido catalogada como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Unesco.
2.
Zocos. Desde la Plaza de Jemaa e- Fna podemos acceder hacia el laberinto del zoco. En el zoco de Marrakech, callejeando desorientados, podremos encontrar las últimas novedades del diseño marroquí. De aquí saldrán las mejores babuchas, lámparas, velas, bolsos… que podremos encontrar en el norte del país seis meses más tarde. El zoco es el lugar perfecto para que el viajero practique el arte del regateo. Las calles son amplias, y es cómodo pasear entre los puestos y tiendas, si bien es verdad que la mejor hora es la primera de la mañana para salir de compras, ya que por la tarde se masifica con los habitantes locales, que acuden al zoco a realizar también sus compras.
3.
Curtidurías. Visita obligada de cualquier medina, si queremos ver como los curtidores trabajan la piel de vaca, cabra y oveja antes de que ésta se convierta en bolsos de cuero o babuchas. A pesar del mal olor, que se paliará con un manojo de menta fresca, un paseo por las curtidurías nos mostrará una profesión ya olvidada en Europa.
4. La mezquita
Kutubia o mezquita de los libreros, es con su torre, hermana de la Giralda uno de los símbolos de Marrakech. No se puede visitar, ya que solo puedon hacerlo los musulmanes, pero desde el exterior se muestra en todo su esplendor, rodeada de bellos jardines.
5.
El palacio el Badi, capricho del sultán Ahmed el Mansur, data del siglo XVI, es hoy una colección de ruinas que merecen un paseo por su interior.Destacan los pasadizos subterráneos que, en su día, sirvieron de establos y mazmorras. Los decadentes muros del palacio acogen nidos de cigüeña, aves muy respetadas en Marruecos, debido a la creencia bereber de que se trata de seres humanos transformados.
6.
Tumbas Saadíes. Muy cerca del palacio se ubica el mausoleo de la dinastía sadí, con tumbas reales de los siglos XVI y XVII, arropadas por un bello jardín. Ocultas hasta los albores del siglo XX, son un remanso de paz y belleza dentro del enjambre de la medina. Destacan la sala de las Doce Columnas, donde fueran enterrados el sultán el Mansur y toda su familia.
7.
Jardín de la Menara. Extra muros de la ciudad, tras una larga avenida de palmeras, se llega a los jardines de la Menara. Allí descansan a la sombra camellos que, por un módico precio, podremos montar para dar un agradable paseo. La Menara es un gran jardín islámico, con un estanque, un pabellón y árboles frutales. Su embalse de agua, que antiguamente abastecía a la ciudad, hoy se utiliza como fondo de escenario, para un espectáculo nocturno de luz y sonido, de gran belleza.
8. La
ville nouvelle, o
Guéliz, es fruto del paso de los franceses por Marruecos. Diseñada por estos a principios del siglo XX, es la zona donde se encuentran los hoteles, cafés, boutiques, restaurantes, discotecas, etc. La “parte moderna” de la ciudad, como todavía la siguen llamando los propios marrakchíes, ya que hasta la llegada de los franceses, la ciudad se reducía a la medina, siempre intramuros.
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