De origen fenicio, las primeras fuentes históricas de Asilah son la fundación de la ciudad por conquistadores árabes hacia el siglo IX, junto a una ensenada de arrecifes, cerca de la antigua ciudad de Zilil, de la que deriva su nombre.
Durante la edad media y la edad moderna ha tenido una historia muy agitada vinculada a la de Tánger.
Sufrió dos veces incursiones normandas a mitad del siglo IX, para saquear sus riquezas de cereales.
Fue reconstruida por el califa Omeya Al- Hakem II, que construyó una muralla para protegerla de posibles ataques. También construyó una mezquita de cinco naves.
Tuvo una vida apacible en el siglo XII, ya que se abrió al comercio con occidente y conoció cierta prosperidad.
Los wattasíes tuvieron en ella uno de sus principales puntos de apoyo en la lucha por el poder.
En 1471 fue tomada por los portugueses y permaneció bajo su poder hasta el año 1550. Fueron ellos quienes reconstruyeron las murallas, las fortificaron con sólidas torres y edificaron un alto torreón que servía de atalaya.
Las guarniciones atrincheradas en esta fortaleza sufrieron innumerables hostigaciones por parte de los wattasíes y del príncipe de Xauen, Mulay Brahim.
Liberada en 1550, fue ocupada de nuevo por el rey Sebastián de Portugal en 1577, en recompensa por su alianza con el príncipe saadí Mohamed al Masluj.
Asilah fue restituida al rey saadí en 1589, y luego fue recuperada por España, que la retuvo poco tiempo hasta el siglo XVII; poco después fue tomada al asalto por Mulay Ismail en 1691. Fue repoblada por gentes del Rif que construyeron en ella otras dos mezquitas, una madraza y baños. Desde entonces vive una modesta existencia.
En 1906 cayó en poder de Mulay Ali Ibn Raissouli, que se convirtió en su pachá, y luego fue ocupada por los españoles desde 1912 hasta 1956 fecha en que se proclamó el reino de Marruecos.
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